jueves, 25 de septiembre de 2014

Tú no eres la que yo necesitaba que fueras

Querida hija:

Hace ya cinco años que nos conocimos. Hemos pasado muchas cosas juntas. Y por eso, quiero hoy contarte algo que de tu mano, he aprendido:


"Tu no eres la que yo necesitaba que fueras.

No eres como yo imaginaba. No eres cómo yo pensaba. No eres como yo quería...

Porque quizás pensé que las personas tenemos talla en el corazón, y esperaba que tú encajases con la mía. O quizás suponía que tú vendrías a llenar mis huecos, a completar mis sueños. Qué se yo... ya no me acuerdo.

Pensaba, seguramente, que el amor es siempre como un suave aroma. Y llegaste tú. Como una especia exótica, diferente, intensa y sorprendente. Tuve que aprender a degustar su intenso perfume, su personal sabor. A apreciar los matices distintos que traía a la que había sido mi forma de cocinar la vida. A incorporarlos, aceptando esos cambios en la receta de siempre.

Tuve que aprender que amar es aceptar. Pero no de forma consciente: aceptar desde lo más hondo del corazón, instalando ese conocimiento en cada célula de mi ser; haciéndolo parte de mi. Y aprender a quererte de la manera correcta, creando espacio para que tú puedas ser quien eres, no quien yo o cualquiera, quiera que seas. Aceptada, valorada y amada sin moldes y sin exigencias.

                                        Porque por suerte...

                                        Tú no eres la que yo quería-pensaba-imaginaba-necesitaba...

                                                                               Tú eres la que eres.
Simple y perfectamente tú.
Con tu risa contagiosa y tus llantos atronadores.
Con tu amor tierno y abierto y tus enfados negros,  negros...
Con tu agudo sentido de la empatía.
Con tu peculiar forma de ir por la vida.
Con tus maravillosas capacidades para entender el corazón ajeno.
Con esas dolorosas piedras que te ha tocado llevar en los zapatos.
Con tus manos abiertas dispuestas para recibir amor sin llenarse nunca.
Con tus caparazones cayendo poco a poco.

Con tu fortaleza.
Con tu debilidad.
Con tu lucha. Que es también la mía.

Hermosa como una mañana. Alegre como solo pueden serlo los niños. Conmovedoramente dispuesta a amar y ser amada. Llena de necesidades pero tan generosa que duele...

                        Rotundamente tú. La que yo amo. No un sueño o una quimera. Tú. Real y mía.

Y yo, solo soy yo. Quizá no la que tú pensabas, soñabas, imaginabas...

Pero, de verdad, corazón...esforzándome cada día por ser justo, la que tú necesitas."


*Como siempre Jorge Bucay me coloca en la senda. 

5 comentarios:

Chiquita adorada dijo...

Precioso Montse!!! Qué importante y qué difícil llegar a esa aceptación total, una aceptación que sólo puede llegar a darse a partir de un inmenso amor. Amar sin moldes y sin exigencias. Les mando un beso enorme!!

Alicia Cordente dijo...

Como siempre pones palabras a mis sentimientos...es increible como puedo compartirlo!!Un abrazo enorme!!

Patricia dijo...

Cada palabra de esa carta la hice mía, porque expresa todo lo que siento con mi hija adoptiva. Me hizo bien poder verlo en palabras. Gracoas.

Ana dijo...

Una carta preciosa, llena de sabiduría. Gracias por compartirla.

Paula Pérez Rojo dijo...

Guau Montse, gracias por compartirlo... qué preciosidad de entrada, y qué real. Es increíble cómo podemos identificarnos tanto unas personas en las sensaciones de otras, todas las historias tan distintas, tan únicas pero tan iguales al mismo tiempo... Qué bien haberte encontrado, es un gustazo leerte.